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EEUU reabrió un programa para renovar muchas de sus ojivas nucleares, de 40 años de antigüedad
EEUU reabrió un programa para renovar muchas de sus ojivas nucleares, de 40 años de antigüedad

Estados Unidos cuenta con masivos arsenales nucleares y aunque los ha reducido a lo largo de los años desde el fin de la Guerra Fría aún tiene armas atómicas capaces de devastar por completo la tierra, un poder solo equiparable actualmente, al menos en cantidad de cabezas nucleares, al de Rusia.

Con todo, muchas de esas ojivas nucleares son antiguas y en el caso de las del tipo W78, usadas en los misiles balísticos intercontinentales de la Fuerza Aérea desde 1979, se encuentran cerca del límite de su vida útil sin que exista hasta el momento un reemplazo disponible, de acuerdo a un reporte de la Oficina de Fiscalización Gubernamental de Estados Unidos.

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Un misil balístico intercontinental LGM-30 Minuteman III de la Fuerza Aérea de EEUU, que carga ojivas nucleares W78, recibe mantenimiento en un silo. (Departamento de Defensa, Federation of American Scientist)

Por ello, el Pentágono comenzó en 2010, durante el gobierno de Barack Obama, a explorar programas para extender la vida útil de esas cabezas nucleares y para desarrollar su reemplazo, en aras de mantener la capacidad, seguridad y extensión de los arsenales atómicos de la Fuerza Aérea, y también los respectivos a las cabezas W88 de la Marina. Pero en 2014 esos esfuerzos fueron suspendidos y aunque en esos estudios se gastaron 114.5 millones de dólares, restricciones presupuestales llevaron a suspender ese programa y posponer su reinicio hasta 2020.

Ahora, en la administración de Donald Trump se busca que ese proceso se reinicie antes, en 2019, y desde 2018 se han dado ya pasos para ello, con el objetivo de lograr el reemplazo de las ojivas W78 (utilizadas en los misiles Minuteman III) y posiblemente desarrollar un arma que sea utilizable tanto por la Fuerza Aérea como por la Marina.

Ciertamente, el desarme sería en realidad lo mejor para la humanidad y, en ese sentido, el desarrollo de nuevas armas de destrucción masiva tiene inevitablemente un tono ominoso. Pero desde la perspectiva de la defensa estadounidense, esa renovación es clave para mantener la balanza de la disuasión y prevenir que la obsolescencia de los arsenales estadounidenses actuales se traduzca en una merma de su poder y en un aumento comparativo del de otros países atómicos, sobre todo Rusia y China.

Así, indica el citado reporte, se ha estimado que el costo del proceso de renovación de esas ojivas nucleares llegue a cerca de 15,000 millones de dólares de 2019 a 2041. Y, en realidad, el esquema es complejo y durará varios años, pues entre 2019 y 2021 se estudiará la factibilidad y opciones de diseño, en 2022 se revisará el diseño y el costo, entre 2002 y 2029 tendrá lugar el desarrollo y la producción y será hasta 2030 que se cuente con ejemplares de la nueva ojiva, con una fase de producción a fondo de la misma entre 2031 y 2032.

Y, en realidad, no se trata meramente de producir nuevas cabezas nucleares, sino de lograrlo con las tecnologías y materiales actualmente disponibles y con la perspectiva de que respondan a los requerimientos a un plazo mediano y largo. Eso en general se aplica tanto a las ojivas nucleares como a los misiles que las impulsan, que en el caso estadounidense son equipos que llevan ya muchos años en operación, y resulta significativo si se considera que, por ejemplo, Rusia cuenta con arsenales nucleares más modernos, si bien diferentes y no necesariamente más confiables o potentes que los estadounidenses. Y se ha especulado que si Estados Unidos no reacciona, nuevas innovaciones podrían dar ventajas a Moscú o a Pekín.

La renovación de los arsenales estadounidenses es así, desde la perspectiva de los estamentos militares y de la geopolítica de Washington, una necesidad creciente y la cuestión de las ojivas nucleares es solo una parte de ello. Y, cabe señalar, el hecho de que Donald Trump y Vladimir Putin –ambos proclives a incrementar y exhibir su poder militar- presidan a los mayores poderes nucleares del orbe añade presión a esta nueva modalidad de carrera armamentista.

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Una imagen difundida por la Fuerza Aérea de EEUU muestra un ensayo de lanzamiento de un misil intercontinental Minuteman III. (Reuters)

Sea como sea, no debe olvidarse que nociones como la disuasión nuclear o la destrucción mutua asegurada, implícitas en el desarrollo y despliegue de armas nucleares, se fundan en que éstas nunca han de usarse, pues de hacerlo el planeta quedaría literalmente devastado y no habría ganador en una conflagración de esa naturaleza. Pero ante planteamientos como el uso táctico de ciertas armas nucleares o de variantes como bombas sucias, los escenarios se vuelven más complejos. Ya no se diga si ese poder fuese utilizado por organizaciones terroristas, así fuese a nivel rudimentario.

Por ello, la aspiración del desarme y la no proliferación nuclear persiste con punzante validez y se da en paralelo al fortalecimiento y modernización de los arsenales presentes por parte de las potencias mayores (y al desarrollo de nuevos arsenales, como en el caso de Corea del Norte), un proceso que es costoso y ominoso, pero un puntal de la geopolítica vigente y de la ambición de los líderes de las potencias nucleares mayores.

Sigue a Jesús Del Toro en Twitter: @JesusDelToro

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